Una a una se fueron cayendo todas sus máscaras.
Trataba de cubrirse con lo que encontraba.
Vulnerable estaba.
Temía, que pudiera adivinar en su cara lo más hondo de su alma.
Pero su mirada lo reflejaba.
El corazón apretaba, la sangre pesaba y el aire no entraba.
Una a una sus emociones se mezclaban apagando su llama, en un letargo mortal.
Y el frío encanto de quien muere por dentro se fue apoderando de su cuerpo.
En la soledad inmensa de su alma estaba atrapada.
Sólo por él.
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